Por Angelina Albarrán Morales
Tequesquitengo, Morelos.- El paradisíaco mar de Morelos, Tequesquitengo, pasó de ser un pueblo que explotaba la piedra de Tequesquite como materia prima para la producción de sosa para Jabón, a ser un atractivo polo de desarrollo turístico, a sólo 111 kilómetros del Distrito Federal y 45 kilómetros de Cuernavaca la Capital del Estado.
Ubicada al sur de la entidad, la laguna asentada sobre 28 kilómetros cuadrados, que comparten los municipios de Puente de Ixtla y Jojutla, y está ubicada en una gran meseta calcárea que se extiende desde la monumental Xochicalco hasta Tehuixtla, donde se encuentran además las lagunas de El Rodeo, Coatetelco, cita el cronista municipal de Puente de Ixtla, Rodolfo Arizmendi García.
En diversos códices se anota la existencia de una lagunilla desde época prehispánica -tequixquit- y de sus alrededores los nativos extraían abundante tequesquite -teqixnutl- que empleaban en la elaboración de lejía.
En 1820, los hermanos Mosso, propietarios de la Hacienda de San José Vista Hermosa, convirtieron tierras de secado donde sembraban maíz, ajonjolí, al construir la presa de Alpuyeca y el canal del Río Apatlaco, las transformaron en tierras de riego y comenzaron a sembrarlas con caña de azúcar. Los excedentes de agua que llamaban "achololes" fueron aumentando el caudal de la laguna y al no tener salida comenzó a crecer y las aguas poco a poco fueron invadiendo las tierras del pueblo, después el agua invadió las casas y las chozas y los habitantes por segunda ocasión se situaron fuera del alcance de las aguas.
En el año de 1856 el agua empezó a llegar al atrio de la iglesia dedicada a San Juan Evangelista y para 1865 apenas se veía la extremidad superior de la torre entre las aguas. El templo hundido se construyó sobre las ruinas de otro similar que en 1827 fue edificado. Este lugar tenía una cofradía que era dueña de 250 cabezas de ganado, cuando disminuyó la producción de tequesquite por el avance de las aguas, el capital de la cofradía también disminuyó hasta terminarse en 1837, este pueblo en lo eclesiástico estuvo subordinado a los frailes dominicos del monasterio de Tlaquiltenango.
El General José María Pérez Hernández en su cartilla de la geografía del estado de Morelos publicada en 1876 en su página lo dice: la laguna de Tequesquitengo pertenece a la municipalidad de Puente de Ixtla, distrito de Tetecala cuya extensión debe estimarse en 16 kilómetros cuadrados y su profundidad de 1.50 metros, el agua no puede emplearse como potable y es muy probable que el manantial desprenda olor sulfuroso por la reducción de sulfatos.
Mientras que Antonio García Cuba, 1888 en su diccionario geográfico, histórico y biográfico en la página 48 expresa: Tequesquitengo pueblo de la municipalidad de Jojutla, distrito de Tetecala, estado de Morelos, cerca de su orilla se halla sumergido un antiguo pueblo permitiendo algunas veces la diafaneidad de las aguas distinguir a través de ellas parte del templo y aún los detalles de su frontispicio y de la torre que eleva sobre la superficie del lago la cruz que la remata, esta laguna es además digna de mención por la existencia de unos toros llamados carabaos que han contraído la costumbre de vivir en el agua habiéndose tratado en vano de sujetarlos al yugo, pues cuando el calor del sol se hace sentir con mayor fuerza, huyen apresuradamente burlando la vigilancia de sus guardianes y se arrojan al lago uncidos, muchas veces a los carros y arados.
El desperdicio del agua era escandaloso, el desequilibrio tecnológica de la agroindustria azucarera, en efecto mientras que los ingenios alcanzaron un alto grado de modernización durante los años del Porfiriato, los campos morelenses continuaron con una baja productividad por causa del atraso de las técnicas, así la clase desposeída tuvo que recurrir a insurrecciones para sobrevivir. Esas insurrecciones se hicieron cada vez más frecuentes y culminarían en el movimiento revolucionario 1911-1919 en Morelos.
Álvaro Obregón Saludo y José G. Parres Guerrero comprendían que la única salida al desastre era el reparto agrario sólo mediante él se consolidaría la paz social y sería posible la reconstrucción de Morelos. Durante 1920,1921,1922 y hasta 1929 la cantidad de tierra repartida alcanzó la cifra de 330 mil habitantes, el 80 por ciento de ellas era tierra cultivable en Morelos. Y el 31 de diciembre de 1920 se dotó de ejido a Jojutla, tierras de riego, cerriles, las que fueron tomadas de las haciendas circunvecinas de San José Vista Hermosa.
Mientras que el 25 de febrero de 1921 se le dio tierras a Puente de Ixtla, terrenos de riego, de cabor, pastos e inútiles se tomaron de la hacienda de San gabriel y san José Vista Hermosa, el ocho de abril de 1922 se dotó a los de Tehuictla, tierras de riego, temporal, pastos y cerril y el 20 de marzo del mismo año al ejido de Tequesquitengo con 228 hectáreas distribuidas de la siguiente manera, 76 de riego, 114 de temporal y 38 terrenos cerriles, las que fueron tomadas de la hacienda San José Vista Hermosa.
La complejidad de la problemática de la laguna de Tequesquitengo descansa tanto en sus dimensiones y velocidad de crecimiento como en la importancia significativa e influencia que tiene en la región y con ello para el estado en su conjunto.
La gran función del fideicomiso lago de Tequesquitengo aún no cubre el cien por ciento de expectativas de los habitantes y visitantes, la configuración actual del espacio ha sido fuertemente condicionado por la combinación de recursos naturales, capital, población y por la forma de las relaciones entre la economía local, estatal y nacional. Bajo este marco debe superarse el estancamiento de los proyectos sociales que lleguen a mejorar la prestación de servicios públicos y vencer al burocratismo que permea al lago o laguna de Tequesquitengo.
En este contexto el esfuerzo de la población y autoridades debe centrarse en objetivos reales. Para ello es suficiente el análisis cualitativo y continuar a través de una trayectoria tendencial hasta llegar al horizonte previsto a partir de la caracterización de la imagen futura a través de un razonamiento imparcial para llegar a la situación deseada por la gran mayoría de morelenses, turistas y mexicanos en general.
Pero mientras esto sucede, Tequesquitengo es visitado en estos momentos por el turismo que año con año arriba a Jojutla y Puente de Ixtla para disfrutar de sus aguas y olvidarse un rato de los problemas, dada la gran riqueza de alternativas como son los deportes acuáticos, buceo, la navegación aérea y la tradicional festividad del pueblo en honor al señor de la Asunción que se lleva a cabo el tercer jueves de mayo con juna misa que se realza con peregrinación en lancha, y demostraciones deportivas artesanías y bailes.